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hosteriaLo que conocemos de Puerto Pirehueico y su historia se remonta al 10 de abril de 1886. En ese entonces, don Pedro y don Linario Matamala compraron un fundo llamado “Nontué”, al noreste de la sureña décima región del país. Un territorio bañado por un serpeante lago de un poco más de 30 kilómetros de largo, circundado por la imponente cordillera de los Andes y cubierto de una frondosa e intocada selva valdiviana, por cuyos espacios fluyen los ríos Hua-Hum y Lipinza y se esconden antiguas lagunas que pocas personas, en ese entonces, habían tenido el placer de conocer.

Don Pedro, por su parte, el 29 de noviembre del mismo año compró otro fundo, llamado “Querchuquina”, ubicado justo a un lado del primero. Estos dos terrenos, a medida que fueron pasando los años, fueron dados en herencia principalmente a la descendencia familiar, hasta que una sociedad llamada “Camino Lacoste y Compañía” los adquirió en el año 1904.

El 11 de diciembre de 1905, la Sociedad Compañía Comercial Ganadera General San Martín compró las tierras a Camino Lacoste y Cia., y esta última sociedad volvió a adquirir los terrenos de la primera el 9 de mayo de 1911.

Casi siete años después, don Jorge Aninat compró el “Fundo Pirihueico” a Camino Lacoste y Cia., con fecha 13 de junio de 1912; y posteriormente, Adelaida Aninat Echarrazeta recibió en herencia de su padre don Jorge y de su madre María Mercedes Echarrazeta de Aninat, el Fundo Pirihueico el 28 de enero de 1922, que en esa misma fecha fue vendido por ella a la Sociedad Ganadera Gente Grande.

Considerando los dos terrenos unidos: el fundo “Nontué” y “Querchuquina”, lo que esta última sociedad compró fueron aproximadamente 194 hectáreas de predio, ubicadas en la orilla sureste del Lago Pirihueico.

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La “época de la belleza” pirihueicana

En la década de los 40, la Sociedad Ganadera Gente Grande vende los terrenos a la Sociedad Hostería de Chile, dentro de la cual participaba el gerente del Hotel Crillón en Santiago, Jorge Kuppenheim. Una de sus ideas era construir un hotel de categoría en este vírgen lugar, a metros de la orilla del lago. El público objetivo serían personas del mundo diplomático y político, turistas en general, principalmente de Santiago, y también de Argentina (país cuya frontera queda a unos veinte kilómetros por un camino de tierra).

Durante la presidencia de Gabriel González Videla (1946-1952), la obra fue llevada a cabo en su totalidad y el resultado fue un gran edificio de madera, de tres pisos y de aproximadamente 100 habitaciones, desde cuyos salones y comedores se podía contemplar el lago en todo su esplendor. La vajilla, que había sido traída directamente desde el Hotel Crillón de Santiago, era de primer nivel y todo estaba preparado para recibir una afluencia de turistas a gran escala. Su nombre sería Hostería Pirihueico.

La inauguración consistió en un banquete de etiqueta, al cual asistieron importantes embajadores y políticos, entre los cuales se destacaba el mismísimo presidente González Videla en pleno cargo. De hecho, se cuenta una anécdota en la que él se habría caído a las heladas aguas del río Hua Hum, mientras realizaba un paseo en bote durante su estancia en el hotel.

El fracaso de un sueño

Altas expectativas se tenían del proyecto, sin embargo, el limitado transporte hacia y desde el hotel terminó por aguarle la fiesta a los socios: los turistas viajaban en tren desde Santiago a Lanco, y eran recogidos ahí por una micro que no estaba para nada a la altura de lo que pagaban. Esto mejoraba al llegar a Panguipulli, en donde eran subidos al Vapor Enco y dentro del cual se les servía un almuerzo (con vajilla y garzones del Hotel Crillón). Pero al bajar, otra micro, eso sí en muy malas condiciones, los transportaba hasta Puerto Fuy, en la orilla poniente del lago Pirihueico, terminando los pasajeros muchas veces incluso con las maletas mojadas debido a las intensas lluvias.

aventura terminaba en una larga navegación por el lago, en una lancha lenta, incómoda y de muy mala calidad, y que en un pasado ya había sufrido un naufragio en el Río Imperial. Todo lo anterior, cortesía de la Hostería Pirihueico. La gente, después de esto, no regresaba nunca más.

Además, Kuppenheim no permitió que dentro de las dependencias del hotel hubiesen bailes: la idea era hacer de Puerto Pirihueico un lugar de descanso, en donde la gente pudiera encontrar tranquilidad. Por esta razón, los turistas más jóvenes nunca llegaron (el público en su mayoría no bajaba de los cuarenta años de edad).

Algunas personas arribaban al hotel en avionetas, las que aterrizaban en una pista que se ubicaba a poca distancia de las dependencias principales. Sin embargo era una maniobra peligrosa, debido a que la pista no contaba con los metros suficientes como para asegurar un aterrizaje o despegue en óptimas condiciones de seguridad.

Un tiempo después, a la lancha se le fundió el motor y ésta dejó de funcionar. La afluencia de turistas cesó y la CORFO, como una de las principales accionistas de la sociedad, comenzó a exigir resultados. Al no haber nada de aquello, la institución tomó el control de la propiedad el 4 de octubre 1963 y el proyecto de la Hostería Pirihueico llegó a su fin.

Las instalaciones fueron abandonadas y se mantuvieron en ese estado durante once años. No obstante, otra nueva historia se avecinaba para este lugar en los confines del mundo.

Pirihueico a son de guerra

En 1973, el General Augusto Pinochet realiza un golpe de estado al gobierno de Salvador Allende, lo que significó un cambio en la administración de muchos terrenos en Chile. El predio a las orillas del Lago Pirihueico no fue la excepción: el 12 de marzo de 1974 la CORFO dona las tierras irrevocablemente al Fisco y esta transacción se efectúa con la condición de que éstas y las construcciones que conformaban el inmueble denominado “Hostería Pirihueico” fueran destinadas al Ejército de Chile para el desarrollo de sus planes y programas de fomento de las zonas fronterizas.

El 2 de mayo de 1977, un conflicto que databa de fines del siglo 19 entre Chile y Argentina tomó un cariz de preocupación. En la boca del canal Beagle, al extremo sur del continente americano, existían tres islas: Picton, Nueva y Lennox. Una resolución arbitrada por el Reino Unido dio la soberanía de las islas a Chile, lo que provocó que Argentina no quisiera aceptar tal decisión. El 22 de diciembre de 1978 las posturas se radicalizaron: el país trasandino invadió las islas en disputa y la idea de una guerra entre los dos países surgió como algo altamente posible, causando que los respectivos ejércitos se comenzaran a preparar. Las fronteras se cerraron y a lo largo de ellas se armaron complejos militares que ante la orden, estarían absolutamente dispuestos a atacar.

En Puerto Pirihueico, el hotel y las zonas que lo rodeaban fueron ocupadas por militares chilenos, los que constituyeron trincheras que hasta el día de hoy pueden apreciarse en un área del predio.

Durante aproximadamente siete años el conflicto tuvo a los dos países al borde de una guerra, hasta que el papa Juan Pablo II propuso una solución, la que fue aceptada por Argentina el 29 de noviembre de 1984 a través del Tratado de Paz y Amistad, dando fin al llamado conflicto del Beagle.

El 10 de agosto de 1993, ya finalizado el gobierno militar, el Fisco devolvió el terreno de Puerto Pirihueico a la CORFO. Y desde el año 1997 en adelante, el “Fundo Pirihueico” pasa a manos de don Germán Knop Valdés.

* Texto elaborado a partir de la información del libro “Panguipulli: historia de cuatro tiempos”, de Gilberto Patricio Bernedo Pinto; y de los escritos de compra y venta de la propiedad “Hostería Pirihueico” y sus denominaciones legales anteriores.

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Un pensamiento sobre “La historia de un lugar al fin el mundo

  1. Anónimo 3 años ago